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Cuando salir de la rutina cambia algo más que la rutina (PARTE II)

Lo que esto significa para los equipos

En un contexto organizacional cada vez más diverso y cambiante, esta capacidad se vuelve especialmente relevante. Los equipos necesitan personas capaces de aprender, desaprender y volver a aprender. Necesitan personas que puedan convivir con la incertidumbre sin aferrarse a una única respuesta. Necesitan líderes capaces de integrar perspectivas distintas antes de tomar decisiones.

La flexibilidad cognitiva, esa capacidad de ajustar nuestra forma de pensar frente a nuevas situaciones, se ha convertido en una competencia crítica para navegar por entornos complejos, o salvajes, como decimos en Solo. 

Y una de las formas más efectivas de desarrollarla es precisamente exponiéndonos a experiencias diferentes.

No necesariamente mudandonos de país.

Puede ser trabajando con personas de contextos distintos, explorando disciplinas nuevas, cooperando con equipos diversos o simplemente acercándonos con curiosidad a perspectivas diferentes de la nuestra.

La diversidad como oportunidad de aprendizaje

Cuando trabajamos siempre con personas que piensan igual que nosotros, el cerebro se vuelve eficiente.

Cuando trabajamos con personas que piensan diferente, el cerebro se vuelve flexible.

Y aunque la flexibilidad suele requerir más esfuerzo, también es lo que permite la innovación, la creatividad y la construcción de soluciones más completas.

Además, fortalece algo igual de importante: la empatía.

No entendida como ponerse en los zapatos del otro, sino como reconocer que el otro está observando el mundo desde una experiencia distinta a la nuestra.

Y que esa diferencia puede enseñarnos algo.

Por eso este no es un artículo sobre mudarse de país.

Es un artículo sobre abrirse a nuevas experiencias.

Porque las nuevas experiencias expanden nuestra capacidad de adaptación, enriquecen nuestra forma de pensar y nos ayudan a comprender mejor a quienes nos rodean.

Mudarme de país no solo me obligó a aprender nuevas formas de hacer las cosas. 

Me obligó a cuestionar las propias.

Y quizá esa sea una de las formas más poderosas de aprendizaje.

No incorporar algo nuevo.

Sino descubrir que existen muchas maneras distintas de entender el mismo mundo.

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