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Soy responsable de mi rosa

“SOY RESPONSABLE DE MI ROSA” (A. de Saint Exupéry)

 Como ya he comentado en un post anterior, con frecuencia trabajamos en nuestras sesiones los Valores Personales, muchas veces como el primer eslabón para construir Valores Corporativos.

Una de las dinámicas que utilizamos para conectar con las fuentes de estos valores es pedir que recuerden quiénes han sido sus Referentes (familiares, personas importantes en su infancia, personajes históricos o de ficción, etc.).

Pues bien, entre otros, uno de mis referentes claros es El Principito, la famosísima obra de A. de Saint Exupéry.

De El Principito hay muchos fragmentos que para mí son importantes y que me han forjado, en cierta medida, como soy. Entre ellos destacaría dos: por un lado, los encuentros con el zorro, y, por otro, la relación del Principito con su rosa.

En los dos hay un aspecto en común: la necesidad que tenemos unos y otros de sentirnos cuidados, de “ser domesticados”, de saber que hay alguien a quien importamos, alguien que va a acudir, alguien para el que vale la pena esforzarse: “Eres responsable para siempre de lo que has domesticado”, le dice el zorro al Principito.

El zorro le plantea claramente lo que necesita: “Por favor, domestícame”; domesticar significa “crear vínculos” y el zorro le enseña cómo es el proceso de domesticar: “primero te sentarás lejos (…) pero cada día podrás sentarte más cerca”. Y le dice que mejor que acuda cada día a la misma hora porque “si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, desde las tres yo empezaría a estar dichoso”.

Y así es como también el zorro le descubre al Principito el vínculo que ha creado con su ROSA, lo que su rosa significa para él. Y le enseña que es única entre todas las rosas del mundo, porque es la suya.

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Sin embargo, el Principito no lo había entendido así. Él tiene problemas con su flor, como le dice a la serpiente. Porque la Rosa es voluble, poco modesta, caprichosa. Complicada. Miente de forma ingenua… La Rosa no sabe pedir; la rosa no sabe expresar su amor: “Sí, yo te quiero… ha sido culpa mía que tú no lo sepas”. Pero también es bella y embalsama el planeta con su olor “y yo no sabía gozar con eso”, se dice el Principito.

Cuando el Principito descubre las otras rosas, comprende que la suya es única: “porque yo la he regado, porque ha sido a ella a la que abrigué con el fanal (…), porque es a ella a la que he oído quejarse, alabarse y algunas veces hasta callarse. Porque es mi rosa, en fin”. Y porque es el tiempo que ha perdido con ella la que la hace tan importante. Y COMPRENDE: “Debí juzgarla por sus actos y no por sus palabras (…) Mi flor… soy responsable… ¡y ella es tan débil y tan inocente! Sólo tiene cuatro espinas para defenderse contra todo el mundo…”.

Por tanto, este VALOR ha estado muy presente en mi vida, como un IDEAL, como una meta. Aunque mi ROSA no sea perfecta, ES MI ROSA. Y me necesita, aunque no sepa pedirlo. Y me quiere, aunque no sepa expresarlo…

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Nuestras ROSAS son nuestras parejas, nuestros hijos, amigos; nuestro trabajo y nuestros clientes…. Nuestras rosas son todo aquello de lo nos sentimos responsables… todo aquello que decidimos cuidar.

Porque CUIDAR es COMPRENDER, es AMAR SIN JUZGAR y ACEPTAR aun en la contradicción: “

CUIDAR ES VER CON EL CORAZÓN LA MARAVILLA QUE ENCIERRA CADA FLOR.

 

 

 

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