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Catarsis

Había pensado también titular el artículo “¿Congruencia?” O, directamente, “Incongruencia”, pero en realidad lo escribo como catarsis personal…

Hablaré en primera persona. Mi profesión se entiende, básicamente, como una profesión de ayuda. En mi caso, ayudar a las personas que trabajan en empresas y organizaciones a desarrollarse mejor en múltiples habilidades y competencias; a dirigir mejor a sus equipos, a manejarse bien con los cambios, etc., etc., etc.

Y, evidentemente, se pretende que prediques con el ejemplo. Y cuando no lo hacemos, cuando no lo hago, muchas veces, entre nosotros mismos, nos hemos dicho aquello de “¿Y tú te dedicas a esto?”, o, “¿No me enseñaste tú que…?”

Y sí, es que ser congruente entre lo que decimos y lo que hacemos es dificilísimo, por no decir imposible! Lo que pasa es que a veces el gap entre comportamiento esperado y comportamiento practicado es pequeñito, y otras veces es muy grande.

Hablamos mucho de Valores declarados vs. valores en uso”. Pues bien, yo hoy voy a hablar de “comportamientos declarados vs. comportamientos en uso”.

Por ejemplo, en la última semana, y con una brecha grandísima entre comportamientos declarados y comportamientos en uso, puedo mencionar cuatro ejemplos claros de mi incongruencia:

  • Yo digo que hemos de cuidar el entorno y el momento para comunicar algo, y luego no lo tengo en cuenta…
  • Digo que hemos de hacer una preparación previa sobre los sentimientos y emociones que se nos pueden disparar durante una conversación complicada, y luego no los controlo…
  • Digo que hemos de desarrollar a nuestros equipos, y luego me falla la confianza en ellos…
  • Digo que lo importante en la comunicación es el CÓMO decimos las cosas y no el QUÉ decimos, y gestiono pésimamente el CÓMO…

Por supuesto, también digo siempre que la naturaleza humana es, por definición, imperfecta, y que yo soy la primera en no hacer bien las cosas… a lo que me agarro como un clavo ardiendo cuando me veo actuando en contra de lo que debería ser y me imagino que los participantes de mis sesiones están mirándome por un agujerito… ¿Qué pensarían??

Cuando  me doy cuenta de lo que estoy haciendo – a veces instantes después o al mismo tiempo que lo estoy haciendo- me invade una profunda vergüenza pero que me lleva a incrementar el comportamiento no deseado en forma de rabia, enfado, necesidad de pataleta interna para justificarme en lo que digo y hago. Lo cual sólo empeora las cosas, claro.

Y sólo después, cuando me lo dejo bajar, y puedo recapacitar con serenidad sobre lo ocurrido, a veces un día después o dos, puedo reconducir la situación y disculparme, lo que implica mucho más desgaste para todos, por supuesto…

Recuerdo uno de esas historias con mensaje que circulan por mail (ahora por Whatsapp…) que decía que cuando arrugas un papel, por más que lo desarrugues y lo planches, siempre quedarán las marcas de que lo arrugaste, y que lo mismo ocurre cuando “arrugas” una relación… Y un querido amigo me enseñó un proverbio que dice: “Procura que tu palabras sean dulces, por si te las tienes que tragar…”. Pues bien, yo me he tragado mucha hiel y he arrugado muchas relaciones como cocatarsis2nsecuencia de mis reacciones gestionadas incorrectamente…

Y sólo me queda seguir adelante, dándome cuenta de mi profunda imperfección, repitiendo en las sesiones de trabajo los comportamientos deseados y sabiéndome “principiante en prácticas” en muchos momentos, cuando yo misma no sé cumplir con ellos.

Y pudiendo defender que, aunque yo no siempre sepa ponerlo en práctica, mi dificultad y torpeza personal no invalida mi discurso. Simplemente, he escogido una profesión que además de pretender ayudar a los demás me está ayudando a mí misma a conocerme, cuestionarme, enfrentarme con mis demonios, y, poco a poco, crecer e ir siendo algo más coherente en mi incoherencia…

 

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