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Y nos quejamos…

Sí, en ocasiones nos quejamos. Hay quien más y hay quien menos, con más o menos motivo, pero nos quejamos.

Nos quejamos cuando hay algo que no se ajusta a nuestro deseo, a lo que queremos, a lo que creemos que nos merecemos. Desagrado, dolor o incomodidad respecto a algo son palabras asociadas a la queja.

A través de la queja nos hacemos presentes, nos sentimos escuchados, mostramos nuestro punto de vista, cómo nos sentimos respecto a algo, etc. Pero no mucho más.

La queja es un circuito sin salida. Nuestra narrativa, nuestra emoción y nuestra acción refuerzan la queja, la alimentan.

En ocasiones, me he encontrado a personas, incluso a grupos, instalados en la queja. No hay nada en su organización que se ajuste a lo que quieren, se sienten incomprendidos, todo lo que les pasa es culpa del resto de mundo. La empresa no les aporta ningún nivel de satisfacción… Todo un mundo oscuro y gris. Desde mi papel como dinamizadora de la sesión les pregunto… ¿Qué es lo que os mantiene, entonces, unidos a este trabajo, a esta organización? Si tan mal estáis, ¿cuánto más creéis que podréis aguantar aquí?. Les sorprende la pregunta pero se lanzan a responder. En la mayoría de ocasiones contestan que tienen necesidades que cubrir: familia, hipoteca…Sí. La mayoría de nosotros tenemos necesidades que cubrir. Si somos conscientes de cómo la organización está contribuyendo a poder cubrir esas necesidades, hemos de protegerlo. Hemos de validarlo, protegerlo, positivarlo y llenarlo de sentido.

Quiero compartir algunas ideas que Viktor E. Frankl expone en su libro “El hombre en busca de sentido”. Viktor Frankl era un neurólogo y psiquiatra austriaco nacido en 1905 en el núcleo de una familia judía. Durante la segunda Guerra Mundial fue llevado a diversos campos de concentración. En el libro relata su experiencia como prisionero en un campo de concentración. Expone que en las más aberrantes y extremas condiciones de sufrimiento y deshumanización, el hombre debe encontrar una razón para vivir, basada en su dimensión espiritual.

Tras esta vivencia, Frankl afirma que “al hombre  se le puede arrebatar todo excepto una cosa: la última de la libertades humanas –la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino- para decidir su propio camino”.

A partir de sus palabras intento sacar a esas personas de la queja. Los motivos de la queja no desaparecerán pero ponemos el foco de atención en la posibilidad. En la utilidad. En el sentido profesional.

Les hago pensar en situaciones concretas que les mantengan unidos a esa organización. Puede ser desde el proyecto que les ofrece, la coherencia de valores organizacionales, la proyección profesional, las relaciones interdepartamentales o conservar simplemente su salario. Son aspectos que les ayudan a encontrar el sentido de nuestro trabajo. El por qué y para qué de lo que están haciendo. Todo esto les puede ayudar a cambiar su actitud pesimista, reactivarse y reilusionarse para sentirse conectados de nuevo a su trabajo como profesionales. A comprender cómo contribuyen al éxito de la organización.

depreSi aún así no encuentran respuestas diferentes, hay que confrontarlos de la misma manera que  hacía Frankl con sus pacientes. Les preguntaba: ¿Por qué no se suicida usted? Yo les pregunto: entonces, ¿qué te ata a esta organización si no hay absolutamente nada que te aporte beneficios? Puedes cambiar. Peor no estarás. Suelta el miedo y toma decisiones.

Como el entorno cambia y nos afecta, somos nosotros los primeros que hemos de decidir qué queremos hacer con ello. Solo así nos apropiaremos de nuestras decisiones, saldremos de la queja y seguiremos avanzando.

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