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Un viaje al K2: Un viaje al liderazgo

En 2004 un pequeño equipo de 5 expertos y veteranos alpinistas decidieron subir al K2 (8.611m altura) por la vía de la Magic Line, la vía más difícil. La expedición la configuraron Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentí Giró. Era una expedición ética y que pretendió reivindicar un alpinismo genuino.

Valentí es formador y facilitador en programas de liderazgo, desarrollo de equipos y cambio cultural. Desde ese rol nos explicó su experiencia en el K2.

En toda la emocionante y emotiva historia que nos relató, con gran serenidad, respeto y pasión, había una gran similitud con lo que viven los directivos en las organizaciones.

Los cinco alpinistas de la Magic Line planificaron durante 1 año la expedición poniendo el foco tanto en el resultado como en el proceso.

  • La meta de resultado era pisar la cima (“poco probable” comentó textualmente Valentí).
  • La meta de proceso era cuidar la forma cómo querían hacer esa expedición: limpia, ética, sin oxígeno extra, ni sherpas… es decir autónomamente y compartiendo el esfuerzo con el equipo.
  • Cada integrante destacaba en alguna cosa y eso lo hacía especialmente valioso. Al mismo tiempo, se compartían funciones y todos se implicaban y colaboraban en la buena marcha de la expedición.
  • Respetaron y se ayudaron de personas imprescindibles como son los porteadores que transportaron la carga de la expedición hasta el campo base.
  • Fue un equipo que creía firmemente en lo que estaban haciendo.
  • Unido por sus valores.
  • Capaz de gestionar con paciencia el proceso de aclimatación a la altura y los ritmos necesarios del proceso.
  • Cooperó con otras expediciones que en ese momento estaban el K2 pero en la vía de ascensión normal por la vía de Abruzzi .
  • Mostró su solidaridad con otra expedición en momentos difíciles en los que fue necesario organizar un rescate.
  • Cometieron también errores que les pudieron haber costado la vida, por ejemplo, salir a escalar en condiciones de marcado peligro de avalanchas.
  • Fue un equipo capaz de parar y conversar sobre lo que había pasado y mirar al futuro con confianza.
  • Fue un equipo capaz de mostrar su vulnerabilidad.
  • Uno de los alpinistas fue capaz de asumir un elevadísimo riesgo en solitario y compartir con el equipo el éxito de resultado que implica hollar la cumbre del K2
  • Fue un equipo emocionalmente inteligente y resiliente. Supo gestionar el tránsito que va de la euforia de hacer cumbre al duelo por la pérdida de uno de los integrantes (Manel de la Matta Madrid 1963-K2 2004)

Estas vivencias nos han ofrecido valiosas reflexiones sobre el liderazgo y la gestión de equipos que hemos incorporado en el módulo de Liderazgo del PDC.

  • Enfoque en el proceso y el resultado: Así como los alpinistas se prepararon tanto para llegar a la cima como para hacerlo de manera ética y segura, los líderes también debemos preocuparnos por cómo se logran los objetivos, no solo por alcanzarlos.
  • Asignación de roles y reconocimiento del equipo: Cada miembro del equipo de alpinistas tenía un papel diferenciado, al igual que en una empresa. Reconocer y valorar las habilidades individuales ayuda a construir un equipo efectivo, sólido y motivado.
  • Cohesión y valores compartidos: Como los alpinistas, los equipos en las organizaciones funcionan mejor cuando comparten valores y trabajan juntos hacia un objetivo común.
  • Aprender de los errores: Los líderes deben ser como los alpinistas, capaces de detenerse, evaluar lo que no salió bien y aprender de ello para mejorar en el futuro.
  • Resiliencia emocional: Tanto en la montaña como en la empresa, es importante poder manejar las emociones y mantenerse fuerte incluso en momentos difíciles. Los equipos no son estáticos, hay incorporaciones, pérdidas… como pasó en la montaña.
  • Colaboración y solidaridad: Al igual que los alpinistas se ayudaron entre sí y con otras expediciones, en el mundo empresarial es clave fomentar la cooperación y el apoyo mutuo entre equipos y departamentos.

En resumen, Valentí nos ha mostrado como las aventuras de los alpinistas en el K2 tienen mucho que ver con cómo podemos liderar nuestros equipos. La importancia de estar conectado con uno mismo, con el reto en sí y con las personas, tejiendo una red de confianza y colaboración. Ir reconociendo los logros, los ritmos de cada uno, las aportaciones individuales…

Así, nosotros y nuestros equipos también conseguiremos el “piolet de oro” que consiguió aquella expedición. La máxima distinción del alpinismo español reservada para las actividades de mayor dificultad durante el año.

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