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No se trata de lo que miras sino de lo que ves

La psicología define la ceguera al cambio como la incapacidad que tenemos los seres humanos para detectar variaciones visuales en nuestro entorno, sobre todo si estamos recibiendo otros estímulos que mantienen nuestra atención fija.

Este hecho es el que utilizan los magos e ilusionistas, de forma que estemos atentos a distractores para no darnos cuenta y estar “ciegos” respecto al truco que van a realizar.

La corteza parietal es el área responsable de la concentración y es crítica en nuestra habilidad para detectar cambios. El cerebro solo nos permite concentrarnos en una cosa a la vez, por lo que nuestro cerebro prioriza lo más importante y hace caso omiso a lo que cree que no lo es. No podemos prestar atención a todo a la vez.

Solo nos centramos en una cosa a la vez y es la más familiar para nosotros. Cuando el cambio afecta a lo que estas prestando atención es fácil que lo identifiques. Pero hay muchos elementos de la realidad que se nos pasan por alto.

La atención es como un foco, sirve para amplificar lo que estamos viendo y lo que le rodea pasa a un segundo plano.

En un entorno en el que no hay cambios constantes el cerebro no está preparado para detectarlos. Así, los pasamos por alto, vemos menos de la realidad de lo que creemos, eso se llama ilusión de la atención.

Existen dos tipos básicos de atención, la voluntaria que se encarga de tomar decisiones (prefrontal) y la involuntaria, donde se produce la respuesta a algo por instinto, p.ej: el sonido del teléfono (corteza sensorial)

Pensamos que prestamos atención a aquello que queremos, y que son pocas las cosas que se nos escapan. Por ello, nos creemos que somos multitarea y que podemos hacer varias cosas a la vez, pero la mayoría de las personas no lo somos. Perdemos mucha información. Nuestra atención filtra cosas y a veces lo hace con cosas que desearíamos haber visto o tenido en cuenta.

Millones de estímulos se quedan sin procesar y el cerebro rellena espacios para crear una realidad. Una vez el cerebro ha decidido que es importante, rellena los espacios con nuestras expectativas.

¿Cómo saber qué es lo que nos estamos perdiendo?

Existe un paralelismo entre la ceguera para el cambio visual y la que experimentamos ante los cambios constantes que estamos viviendo, dentro y fuera de la organización. No los vemos venir, no anticipamos, no leemos los indicios que nos rodean, nos pasan inadvertidos hasta que el cambio es un hecho ante el que no sabemos cómo reaccionar.

Debemos revisar a qué estamos prestando atención, dónde está puesto nuestro foco, qué estamos sobredimensionando y qué se nos escapa. De esta forma lo podremos cuestionar y abrir nuestra mente a nuevos modelos que nos permitan adentrarnos en otras perspectivas y construir nuevos mapas de más y mejor complejidad.

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