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Identidad profesional y empleabilidad. Artículo de Claudio Drapkin

(Este artículo fue publicado en La Vanguardia el jueves 26 de noviembre de 2020)

La Covid-19 ha traído la aceleración de procesos que se estaban larvando desde hace mucho tiempo. El más importante ha sido el uso de la tecnología a nivel global. Y otro, como consecuencia del anterior, el cambio en la configuración del trabajo tal y como lo conocíamos hasta ahora. Esta reconfiguración atañe a aspectos estructurales y de gran recorrido como el aumento de la desigualdad social, la necesidad de adaptación legislativa para atender a la seguridad laboral, y la necesidad de desarrollar nuestra empleabilidad ante el aumento de la flexibilidad de los entornos laborales. Este último es resultado de la pérdida definitiva de entender nuestras vidas laborales como un camino único con inicio al finalizar los estudios y final en la jubilación.

La empleabilidad: aportar valor

Entiendo por empleabilidad la capacidad de una persona de aportar valor con su labor más allá de un puesto de trabajo o una especialidad concreta, y hacerlo de manera adaptativa a diferentes contextos. Los elementos a considerar en la configuración de nuestra propuesta de empleabilidad se encuentran en cuatro niveles.

El primero y más externo es el de nuestros conocimientos; el segundo, el conjunto de habilidades que hemos sido capaces de desarrollar en nuestro devenir profesional. Habitualmente ambos niveles tienen su origen en nuestro bagaje personal y los vamos enriqueciendo con estudios y toda nuestra experiencia profesional. Los conocimientos representan lo que sabemos; las habilidades representan cómo ponemos en práctica lo que sabemos.

La flexibilidad acaba con la vida laboral entendida como un camino que se iniciaba al terminar los estudios y acababa en la jubilación

La combinación de ambos niveles configura nuestra aportación de valor al mercado y son la plataforma a través de la cual nos hacemos visibles. Desde ellos construimos resultados, nos comunicamos, somos creativos, flexibles y creamos confianza y cooperación.

La red de relaciones

El tercer nivel es el de la calidad de las relaciones que hemos tejido en nuestro devenir profesional. Esta red incluye a colegas, exjefes, clientes, clientes de los clientes, personas referentes, etcétera. Una red de relaciones nutrida y mantenida aumenta nuestra empleabilidad de manera considerable.

Los tres niveles anteriores explican una parte importante de nuestra empleabilidad. Sin embargo, estos aspectos no siempre marcarán la diferencia. Hay más personas con las mismas capacidades que nosotros o que las desarrollan de manera similar.

Identidad: lo que nos hace únicos

Nuestra diferenciación más potente surge desde el nucleo de nuestra propuesta de empleabilidad, el cuarto y más profundo nivel: nuestra identidad profesional. En ella se esconde lo que nos hace únicos. Es nuestro centro de gravedad y desde el que actuamos con consistencia. La identidad responde a la pregunta de quiénes somos a nivel profesional. Y esto ni se construye ni se diseña. Se explora a través de un proceso de observación que permite “quitar capas” de lo que hacemos para encontrar lo que se esconde debajo de nuestras acciones. Encontrar nuestra identidad es como tallar una figura de madera, en la que vamos al encuentro de algo que “ya está” dentro del trozo de madera y que se esconde tras nuestros conocimientos, habilidades y relaciones.

¿Qué hacemos en nuestro trabajo de manera singular, que otros no hacen, o hacen menos? ¿Qué es lo distintivo? Y, haciendo esto ¿Qué es lo que provocamos que ocurra de manera singular que otros no provocan, o provocan menos? ¿Qué logramos o qué evitamos?

Propósito personal y profesional

Tras estas preguntas, que hemos de responder de manera recurrente destilando en cada paso, se encuentra nuestra identidad. Por ejemplo, si hasta ahora he sido un “formador de equipos” quizás descubra que en realidad soy un “adrenalizador de equipos” y esto me dé muchas más opciones que ser sólo un formador: podré dedicarme a dar charlas y/o salir del ámbito de las empresas y ampliar el perfil de clientes con los que habitualmente interactúo. Si hasta ahora he sido un “diseñador de webs”, quizás descubra que en realidad soy un “diseñador de experiencias interactivas”, lo que me permitirá ampliar los ámbitos en los que puedo entregar valor.

Trabajar mi identidad profesional me da la oportunidad de empoderarme para surfear mejor en los tiempos que vivimos y, además, me dará energía porque es una de las puertas que me conectan con mi verdadero propósito personal y profesional, con mi pasión. Pero eso lo dejaremos para otra ocasión. ¡A por ello!

 

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