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La hora de los depredadores (II): Lo que hacen… y lo que realmente temen

En el artículo anterior analizábamos la lógica del poder depredador descrita por Da Empoli en su libro «La hora de los depredadores» y su resonancia en el mundo organizativo. Pero comprender la depredación no basta. La pregunta decisiva es otra: ¿qué distingue a un directivo que reproduce esa lógica de uno que la confronta? Más que una diferencia de estilo es una diferencia de posición ante el poder y los límites.

Lo que hacen los depredadores

  • Los depredadores imponen para dominar;
    los directivos de verdad ordenan para construir sistema y sobretodo, sentido.
  • Los depredadores actúan para impactar y descolocar;
    los líderes actúan para sostener y dar dirección.
  • Los depredadores fuerzan el ritmo para ganar ventaja;
    los líderes marcan el ritmo con criterio y coherencia.
  • Los depredadores rompen reglas cuando les conviene;
    los líderes definen reglas claras y las sostienen.
  • Los depredadores explotan la ambigüedad;
    los líderes clarifican responsabilidades y expectativas.
  • Los depredadores utilizan el miedo para acelerar decisiones;
    los líderes utilizan la autoridad para estabilizar decisiones difíciles.
  • Los depredadores buscan obediencia inmediata;
    los líderes construyen compromiso sostenido.
  • Los depredadores evitan rendir cuentas;
    los líderes asumen consecuencias.
  • Los depredadores instrumentalizan el conflicto para desestabilizar;
    los líderes atraviesan el conflicto para fortalecer el sistema.
  • Los depredadores extraen valor hasta agotarlo;
    los líderes generan valor total y lo regeneran.

Lo que realmente temen los depredadores

  • Los depredadores no temen a quienes predican valores;
    temen a quienes saben ejercer el poder con legitimidad, firmeza y sin ambigüedad.
  • No temen a los discursos bienintencionados;
    temen a quienes ponen límites claros y los sostienen sin titubeos.
  • No temen a los conciliadores permanentes;
    temen a quienes no rehúyen confrontar cuando está en juego la integridad del sistema.
  • No temen a los que buscan agradar;
    temen a quienes están dispuestos a incomodar para proteger lo esencial.
  • No temen a los tibios;
    temen a quienes combinan confianza, autoridad y límites con coherencia.

Dicho lo dicho….si no ejercemos el poder con legitimidad y firmeza, alguien lo ejercerá sin límites. Y hoy por hoy ya comprobamos que, de estos últimos, ya hay unos cuantos.

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