En el artículo anterior analizábamos la lógica del poder depredador descrita por Da Empoli en su libro «La hora de los depredadores» y su resonancia en el mundo organizativo. Pero comprender la depredación no basta. La pregunta decisiva es otra: ¿qué distingue a un directivo que reproduce esa lógica de uno que la confronta? Más que una diferencia de estilo es una diferencia de posición ante el poder y los límites.
Lo que hacen los depredadores
Los depredadores imponen para dominar;
los directivos de verdad ordenan para construir sistema.
Los depredadores actúan para impactar y descolocar;
los líderes actúan para sostener y dar dirección.
Los depredadores fuerzan el ritmo para ganar ventaja;
los líderes marcan el ritmo con criterio y coherencia.
Los depredadores rompen reglas cuando les conviene;
los líderes definen reglas claras y las sostienen.
Los depredadores explotan la ambigüedad;
los líderes clarifican responsabilidades y expectativas.
Los depredadores utilizan el miedo para acelerar decisiones;
los líderes utilizan la autoridad para estabilizar decisiones difíciles.
Los depredadores buscan obediencia inmediata;
los líderes construyen compromiso sostenido.
Los depredadores evitan rendir cuentas;
los líderes asumen consecuencias.
Los depredadores instrumentalizan el conflicto para desestabilizar;
los líderes atraviesan el conflicto para fortalecer el sistema.
Los depredadores extraen valor hasta agotarlo;
los líderes generan valor total y lo regeneran.
Lo que realmente temen
Los depredadores no temen a quienes predican valores;
temen a quienes saben ejercer el poder con legitimidad, firmeza y sin ambigüedad.
No temen a los discursos bienintencionados;
temen a quienes ponen límites claros y los sostienen sin titubeos.
No temen a los conciliadores permanentes;
temen a quienes no rehúyen confrontar cuando está en juego la integridad del sistema.
No temen a los que buscan agradar;
temen a quienes están dispuestos a incomodar para proteger lo esencial.
No temen a los tibios;
temen a quienes combinan confianza, autoridad y límites con coherencia.
Dicho lo dicho….si no ejercemos el poder con legitimidad y firmeza, alguien lo ejercerá sin límites. Y hoy por hoy ya comprobamos que, de estos últimos, ya hay unos cuantos.