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Conversaciones en el Camino

En mi post de julio hablaba de la necesidad de conectar con lo esencial y dedicar los días de descanso a hacer aquello que muchas veces nos proponemos pero que no siempre hacemos. Este verano, y en coherencia con mis palabras, he hecho algo que me proponía hacía tiempo pero que aún estaba en la lista de pendientes. Hacer el Camino de Santiago, o por lo menos algunas etapas.

Más que un viaje ha sido un proceso. Todo viaje es un proceso, pero en esta ocasión para mí ha sido una experiencia muy especial que me ha permitido conocerme de otra manera. Machado decía “Caminante no hay camino, se hace camino al andar” y en ese andar, paso a paso, el camino te reconcilia con el mundo. Un camino donde reina la confianza, donde importa quién eres y no qué haces, donde se busca lo que une, existe el respeto y la generosidad.

En ese andar estableces muchas conversaciones que resumo en dos tipos. La conversación con uno mismo y la conversación con los demás. Y secamino3 hizo evidente lo presentes que están en ambas los diferentes actos de relación (MTR)[1]. Al inicio le pedí al camino belleza, accesibilidad, sombra, reflexión y el me pedía respeto por el entorno, por la naturaleza, por los lugareños y su historia. Pero sin duda lo que me llamó especialmente la atención fue lo presente que estaba el ofrecimiento por parte de todos los que compartíamos esa experiencia, era un ofrecer generoso, sin dobleces, natural, un ofrecer lo que se tiene teniendo en cuenta lo que el otro necesita, un saludo, apoyo, agua, una sonrisa, vendas, conversación. Y el acuerdo formaba parte del viaje desde el inicio, cuando con mis compañeras acordamos respetar los ritmos de cada una para así asegurar que cada una realizaría su camino en libertad y se producía con los demás en cada paso dado, dando y recibiendo. Yo lo sentí muy presente, pero ambos pasarían inadvertidos sin una escucha atenta, receptiva, paciente, que te permite escuchar tu cuerpo siendo consciente de partes de él que no sabías ni que existían, porque el cuerpo te habla de sus sensaciones, temperatura, del ritmo, de los pensamientos que se le disparan a tu mente y de esa energía que poseemos y que no siempre escuchamos. Y con cada paso el camino se va volviendo mágico porque fluye la conversación con el otro, y escuchas sus experiencias, reflexiones, emociones y saboreas otras realidades.

En ese conversar con uno mismo y con el otro es cuando se produce el reconocernos y reconocer al otro. Me conozco y reconozco en mi interacción con el otro. Desde la sorpresa, la curiosidad, la disparidad de edades, procedencias, situaciones y propósitos. Con las luces y las sombras pero desde la aceptación, porque solo así puede haber aprendizaje y cambio.

El poema de Machado es un símil de la vida que en este viaje se hace evidente a cada paso. Las referencias poemaal poema son abundantes durante el camino. El camino me ha dado mucho, incluso antes de iniciarlo. Justo una semana antes, visité la tumba de Machado en Colliure, y con motivo de esta escapada rescaté la versión cantada que hizo Serrat en 1969 de sus poemas. Merece la pena escucharlo!! Curiosamente la visita a Colliure y realizar el Camino fueron decisiones independientes y que inicialmente no compartían un propósito, me sorprendió constatar como en la vida cuando pones la atención en algo se nos abre un mundo de posibilidades y oportunidades que lo enriquecen.

Sé que el nivel de aprendizaje, cambio o transformación después del Camino lo iré descubriendo poco a poco con cada paso que dé, que solo ha sido el inicio porque como decía Machado “ … al andar se hace el camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar …” pero queda la experiencia … y sé que sin duda repetiré.

 

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[1] Modelo de Transformación Relacional, Instituto Relacional de Barcelona

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