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Atreverse al cambio: ¿Y si el siguiente paso te lleva a algo más grande?

Hace un tiempo, un gran profesor me hizo una pregunta que se me quedó grabada: “¿Qué es eso que llevas tiempo queriendo hacer, pero siempre postergas?” A veces, una simple pregunta tiene el poder de hacerte replantear todo. Porque, sin importar el momento en el que estés, siempre hay algo que te invita a dar un paso más allá.

Atreverse no es fácil. Da miedo equivocarse, que te digan que no, no dar la talla o no cumplir con las expectativas. Pero también hay otra verdad: nadie descubre su verdadero potencial quedándose en el mismo lugar. El crecimiento está justo ahí, en lo incómodo, en lo que te saca de tu zona de confort.

En el trabajo, como en la vida, dar el primer paso cambia las reglas del juego. No se trata solo de conseguir un nuevo puesto o cambiar de empresa. Se trata de qué haces para alcanzar tus objetivos y en quién te conviertes mientras lo haces: más valiente, más fuerte, con más experiencia, más resiliente, más tú.

Y es que, aunque no siempre parezca, el miedo puede ser un buen señalizador. Nos indica lo que realmente importa. Si algo te asusta, probablemente es porque al otro lado hay algo de valor. Y si te pones a pensar, muchas de las decisiones que han cambiado tu vida empezaron con miedo e incertidumbre.

En el mundo laboral también hay dudas. Nos preguntamos si es el momento adecuado para buscar una promoción, si vale la pena hacer ese cambio que parece demasiado, o si nuestras ideas en una reunión van a ser bien recibidas. Pero, ¿qué pasa si no nos atrevemos? La respuesta es sencilla: nada cambia. Y quizá, dentro de unos años, te preguntes: “¿Qué hubiera pasado si lo hubiera intentado?” Para mí, esa es la peor parte.

La clave está en dar el primer paso, aunque sea pequeño. No tiene que estar todo perfecto o planificado milimétricamente. Y aunque lo esté, si no sucede de esa manera, también está bien. Lo importante es dar el primer paso. Propone esa idea disruptiva que no te podes sacar de la cabeza, levanta la mano en esa reunión donde siempre escuchas en silencio, atrévete a pedir lo que sabes que mereces. Los grandes cambios empiezan con decisiones que parecen mínimas, pero que terminan teniendo un gran impacto.

También es fundamental rodearte de personas que te impulsen. Busca mentores que te inspiren, colegas que te desafíen y un entorno que valore el crecimiento y la innovación. A veces, el impulso para dar el salto proviene del apoyo y las palabras adecuadas en el momento justo.

Uno de mis autores favoritos, Robin Sharma, en su libro “El club de las cinco de la mañana” propone una frase muy poderosa: “Las excusas son seductoras, los miedos mentirosos y las dudas ladronas”. Por más que muchas veces fracasemos, o tengamos miedo a hacerlo y por eso posterguemos, en el fracaso también hay aprendizajes y ganancias que nos ayudarán a volver a intentarlo e ir por el cambio o el sueño que estamos buscando y anhelando. Y cuando quieras abandonar, tu fuerza interior será tu mejor compañera.

No olvides que cada paso que das te está construyendo. Puede que hoy no veas el resultado completo, pero estás sembrando las semillas de lo que quieres ser o de lo que te gustaría continuar conservando. Pero, aun así, para ello debes cambiar, aunque suene contradictorio. Y si el miedo aparece, abrázalo. Es la señal de que estás saliendo de lo conocido, y eso ya es un acto de valentía.

Al final, lo que realmente importa no es solo a dónde llegamos, sino en quiénes nos convertimos en el camino, personal y profesionalmente, y que nos permita sentirnos plenos.

Atreverse es el primer paso, pero saber cómo darlo puede hacer toda la diferencia en el proceso. Y si aún no sabes por dónde empezar, no te preocupes, en el próximo post, compartiré una herramienta clave que te ayudará a gestionar los cambios con más claridad y confianza.

Nunca es tarde para empezar eso que estás postergando 💜

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